«Ha querido el General retratarse, como es moda, a la turquesca. Ha acudido acompañado de su mujer, doña Jacinta, que le ha apañado el turbante. Retirado y aún acusando en el semblante surcos de la amargura producida por el fin del Bienio, don Baldomero se ha empeñado en elevarse con porte y gracia sobre el monte de su sombrero de General y sobre una figurita que alguien talló del que fuera su caballo, y que acaso no fuera mala idea el moldearla a tamaño natural en bronce y plantarla en el espolón de la ciudad...»
Fragmento transcrito del manuscrito original, p. 5.
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