«Como apenas se le conoce a Sagasta en persona sino a través de las muchas caricaturas y bocetos que de él ha publicado la prensa, tanto la amiga como la enemiga, pintándolo de saltimbanqui, de torero, de trilero, de equilibrista o de pordiosero, se ha sumado él mismo al parnaso de dibujantes y se ha colocado un lapicero en su nariz, prominente a todas luces, de forma que apuntando con su ápice a la punta de aquella pareciese que se iba a siluetear de arriba abajo, pues nadie mejor que uno mismo para pintarse...»
Fragmento transcrito del manuscrito original, p. 12.
Volver