No hemos inventado el daguerrotipo (aunque reinventarlo materialmente, les aseguramos que ha sido una odisea química), pero sí todo lo demás que van a ver o ya han visto en Anatología. Si —al menos— en asuntos fotográficos los que hemos imaginado la presente exposición nos bañamos siempre en el mismo río (como se puede escuchar en el vídeo editado para la ocasión), el río de la plata, también hemos querido bañarnos en una misma broma (con su bromo, su mucho bromo, en este caso). Una broma, un fake, que abrió Cámara Oscura en 1997, cuando tramó para la Sala de Exposiciones del Ayuntamiento de Logroño, la que dimos en titular Colección 1521, formada por 16 retratos ‘al logrotipo’, un presunto procedimiento pre-fotográfico que presuntamente habría dado sus primeros frutos en nuestra ciudad, a mediados del XVI, gracias al presunto Ebrógrafo.

Otra fotonovela
Un making of anatológico

Siempre pensamos que aquella fotonovela  —que coló incluso en revistas especializadas— merecía una secuela. Siempre que en la ciudad se abre un agujero se liberan fantasmas y humores (preferimos, con diferencia, los buenos humores), y si entonces nos movió la excavación de los alrededores de El Revellín, esta vez lo han hecho las zanjas entorno a la iglesia de San Bartolomé. De ahí sale todo. Fue ver de noche las zanjas y empezar a imaginar la Anatología: sus personajes y su argumento. Como sucedía con las pinturas subterráneas que, en la película Roma de Fellini, se pulverizaban al ser descubiertas por las obras del Metro, estos daguerrotipos (que, insistimos, lo son de verdad, daguerrotipos) son sensibles a la luz, a la respiración humana y a los malos humores.