«Nos ha costado convencer al maestro para que se pusiera a tiro de su propio aparato antes de abandonar Logroño, pero la cena opípara con que queríamos celebrar su próxima marcha y los vinos finos con que la hemos regado han quebrado su resistencia. Mientras se realizaba el retrato apunté estos octosílabos encomiásticos: “Tiene el señor Anatol / un cajón de tornasol. / Para bien que lo destapa, / de nuevo coge y lo tapa, / y tras su toma y su daca, / te saca grabado en placa. / Se llega a la conclusión / de que puestos en cuestión, / mejor que ser cualquier tipo / es ser ¡un daguerrotipo!”…»
Fragmento transcrito del manuscrito original, p. 85.
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